Diversos países se preparan para salir del confinamiento y relanzar la actividad económica. Las políticas orientadas exclusivamente a la oferta no serán suficientes para garantizar la transición hacia la nueva normalidad. Hay que también fortalecer la demanda y dinamizar los mercados internos, además de atenuar la pérdida de empleos y de capacidades productivas de las empresas, sobre todo de las pymes. Este artículos presenta intervenciones posibles para transformar el sector en un motor de innovación y crecimiento.
Desarrollo Económico
Sin precedentes y de alcance mundial, la crisis afecta tanto a las economías avanzadas como las de los mercados emergentes, que estarán en recesión en 2020. La crisis del Gran Confinamiento es muy distinta a otras: ha asestado un golpe particularmente fuerte al sector de los servicios, la inflación en general ha caído, y los indicadores financieros divergen de la economía real. La recuperación está cargada de incertidumbre y una pieza clave será la producción y distribución de la vacuna.
Desde que se informó por primera vez del brote de COVID-19 en Wuhan, China, a fines de diciembre de 2019, la enfermedad se ha extendido a más de 200 países y territorios. Al no existir una vacuna o tratamiento eficaz, los gobiernos de todo el mundo han respondido aplicando medidas de contención y mitigación sin precedentes—. Esto, ha provocado grandes pérdidas económicas y una contracción de la actividad económica mundial. Pero, ¿han funcionado estas medidas?
Ante la crisis de COVID-19, el pide aprovechar la oportunidad para realizar cambios sustanciales a fin de proteger a los más vulnerables cuando inevitablemente ocurran futuras conmociones.
La naturaleza nos da las soluciones
Vivir en simbiosis con la naturaleza beneficia a la humanidad y al planeta. Un ejemplo es esta comunidad indígena de Borneo que cultiva Litsea cubeba, una planta endémica de la que extrae un aceite para producir jabón.
El Grupo Banco Mundial se ha comprometido a hacer todo lo posible para ayudar a los países a responder a la emergencia sanitaria, contener los daños económicos y comenzar a planificar la recuperación a largo plazo. Ha establecido un mecanismo de financiamiento rápido como parte de la respuesta frente al COVID-19, que ya está en marcha en más de 60 países.
Las familias se llevan la peor parte del COVID-19: deben asegurar el bienestar de la unidad, cuidar a los niños fuera de la escuela y, al mismo tiempo, continuar con sus responsabilidades laborales. El Día Internacional de las Familias, que se celebra el 15 de mayo, brinda la oportunidad de crear conciencia sobre los procesos sociales, económicos y demográficos que afectan a las familias. La celebración de este año, que se centra en "Familias en Desarrollo: Copenhague y Beijing + 25", pone de relieve la importancia de invertir en políticas que protejan a las familias más vulnerables.
Varios países de Asia y Europa, donde el brote de COVID-19 parece haber llegado a un pico, están reabriendo gradualmente sus economías. Al no existir una vacuna o un tratamiento eficaz, las autoridades tendrán que sopesar las ventajas de reanudar la actividad económica con el costo potencial de un repunte de las tasas de contagio. Se enfrentan a decisiones difíciles, en parte porque los costos de errar en un sentido o el otro podrían ser enormes. Dada esta situación, las autoridades están optando por un proceso gradual y secuenciado de reapertura.
La crisis del COVID-19 se ha transformado en una crisis económica y social mundial mayor que la causada por el colapso financiero de 2008-2009. En los países de ingresos elevados han hecho bien en respaldar sus sistemas financieros y han lanzado importantes planes de estímulo para la recuperación. Sin embargo, los mercados emergentes y los países en vías de desarrollo carecen de los medios para dar esa respuesta y, lo que es peor, están experimentando una fuga de capitales como en ningún otro período de su historia.
Los efectos económicos de la suspensión de casi toda actividad en los países debido a la pandemia de COVID-19 han repercutido inmediatamente en los mercados mundiales de productos básicos y es probable que esto continúe así los próximos meses. El que la pandemia podría dar lugar a cambios permanentes en la oferta y la demanda de estos productos y, en especial, en las cadenas de suministro que los trasladan desde los productores hasta los consumidores de todo el mundo.
La pandemia ha añadido complejidad a los caminos que debemos forjar. trabajan para facilitar la respuesta y la recuperación, ideando rápidamente formas de afrontar el nuevo mundo en que vivimos.
La pandemia de COVID-19 ha empujado al mundo hacia una recesión, que en 2020 será peor que la crisis financiera mundial. El daño económico va acumulándose en todos los países, en paralelo con el incremento de nuevas infecciones y de las medidas de contención adoptadas por los gobiernos. China fue el primer país que sufrió de lleno el impacto de la enfermedad. Países europeos como Italia, España y Francia atraviesan las fases agudas de la epidemia, seguidos por Estados Unidos. En muchas economías emergentes y en desarrollo, la epidemia apenas parece estar comenzando.
En la República Centroafricana, el Banco Mundial entrega efectivo a personas desplazadas por el conflicto para que rehagan sus vidas y mejora las infraestructuras para reconstruir el país y la economía.
A pesar del aumento de la esperanza de vida, el se ha convertido en una amenaza mundial. 15 millones de personas mueren, cada año, antes de los 70 años debido a estas afecciones, entre las cuales se incluyen dolencias cardiovasculares, cáncer, obesidad y diabetes. En el informe "" del Banco Mundial se advierte sobre la creciente epidemia de obesidad y sus impactos negativos.
Escucha la entrevista a Marta Roig, autora del "Informe Social Mundial 2020: la desigualdad en un mundo en rápida transformación", donde cómo se da la desigualdad en el mundo.